Los outsiders están revolucionando la política en todo el mundo. ¿Por qué en Argentina no?

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Ukrainian comedian and presidential candidate Volodymyr Zelensky reacts after the announcement of the first exit poll results in the second round of Ukraine's presidential election at his campaign headquarters in Kiev on April 21, 2019. (Photo by Genya SAVILOV / AFP)
Volodymyr Zelensky, de comediante exitoso a líder de Ucrania (Foto: Genya SAVILOV / AFP)
Volodymyr Zelensky, de comediante exitoso a líder de Ucrania (Foto: Genya SAVILOV / AFP)

Zelensky protagonizó desde fines de 2015 Servidor del Pueblo, una comedia televisiva de gran éxito que cuenta la historia de un profesor de colegio secundario que llega a la presidencia por accidente, porque se viraliza un video suyo criticando a los políticos, insultos incluidos. El 31 de marzo Zelensky ganó la primera vuelta presidencial con el 30% de los votos, el doble que el presidente actual, Petró Poroshenko. Este domingo ganó la presidencia en segunda vuelta con más del 70% de los votos.

¿Por qué no pasa algo similar en Argentina? ¿Por qué nuestro sistema político castigado todavía logra, una y otra vez, reconstruir liderazgos a pesar de fracasar sistemáticamente en la solución (y empeorar) los problemas recurrentes que sufre el país?

El mejor ejemplo de la resiliencia de la política argentina es, paradójicamente, la figura que debería romper con ella. Desde hace años se fantasea con el momento en el que Marcelo Tinelli, el conductor estrella de la televisión argentina, dé el salto a la captura de votos en lugar de rating. En sus 25 años de estrellato mediático, el programa de Tinelli generó innumerables acontecimientos políticos de impacto, desde cierres de campaña (Carlos Menem, 1995), papelones presidenciales (Fernando de la Rúa, 2001), hasta parodias que definieron elecciones (Francisco De Narváez, «alica alicate», 2009).

Ese momento llegó. Pero Tinelli no parece querer romper con el sistema sino todo lo contrario. Igual que en su intento de llegar a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), el outsider elige ir por dentro más que negar a las estructuras y las prácticas establecidas. Entonces, se planta contra la «grieta» y busca ser un articulador del inestable tercer espacio peronista no kirchnerista que conforman Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Roberto Lavagna. Y hace de proto-candidato, acompañado de otros dirigentes y sacándose las fotos de ocasión. Política tradicional.

Ya hace años Mauricio Macri eligió el mismo camino. Empresario como Donald Trump, eligió armar un partido político, intentar despojarse del elitismo que lo estigmatizaba e iniciar un recorrido gradual dentro del sistema para eventualmente alcanzar la presidencia, 12 años después. El PRO introdujo novedades en términos de la formación de sus planteles de dirigentes y sobre todo en comunicación pública, pero mantuvo a grandes rasgos la forma de hacer y concebir la política de su par y socio radical, antecesor en la representación no peronista de las clases medias y medio altas.

A pesar de la corrupción endémica y el fracaso económico recurrente, la política está arraigada como forma de participación entre nosotros. La maldecimos, pero en última instancia valoramos como forma de mediación: asociaciones cooperadoras y centros de estudiantes en los colegios, comisiones internas en los lugares de trabajo, consorcios en los edificios de vivienda. Es una buena noticia: esta tradición les da a los políticos una chance más de evitar la tendencia al outsiderism que domina en Occidente. Pero atención: quizás no tengan muchas oportunidades más.

El autor es periodista y analista político. Director de Contexto Consultores.